domingo, 10 de septiembre de 2017

REGULARIDAD MASONICA





Este es un concepto clave dentro de la temática masónica, tanto desde el punto de vista de las investigaciones científicas como de la vida interna de las Obediencias Masónicas.
Con respecto a este delicado, lo primero que debe decirse es que aparece planteado, en forma conjunta, con el surgimiento de la Masonería Especulativa o moderna. En efecto, durante el predominio de la Masonería Operativa no se planteaba la cuestión de la regularidad o irregularidad de una Logia Masónica  y las prevenciones y recaudos se orientaban, en cambio, hacia ciertos individuos – por ejemplo, el famoso “cowan” escocés (VIDE) – quienes, sin pasar por la iniciación, intentaban apoderarse de ciertos secretos técnicos del Oficio.
En cambio, con el surgimiento de la Masonería Especulativa, los neo-masones agrupados en la Gran Logia de Londres casi inmediatamente plantearon la exclusión de los masones operativos de sus Logias por causas inciertas que, tiempo después, darían origen a la calificación de “irregular” aplicable a todos los masones antiguos que no participaban en la aventura de James Anderson y sus seguidores. Para lograr la exclusión de los masones antiguos, los fundadores de la Gran Logia de Londres alteraron e invirtieron ciertos Modos de Reconocimiento del Primero y Segundo Grados, distorsión que ha persistido hasta hoy.
El surgimiento de la Gran Logia de los Masones Antiguos (VIDE) , en 1751, puso en evidencia las hondas discrepancias existentes entre dos formas de Masonería en pugna. De este modo, cómo podría establecerse un criterio único sobre la “regularidad” masónica?
Sin embargo, con  el Act of Union (VIDE) de 1813 se rectificaron ciertos gruesos desaciertos promovidos por los “Moderns” pero también se consolidó definitivamente la Masonería Especulativa. A partir de ese momento, la Gran Logia Unida de Inglaterra dictó ciertas normas para el reconocimiento de una Obediencia como regular las cuales podrían resumirse de la siguiente manera:
Regularidad de origen:  Para ser regular, una Obediencia Masónica debe haber sido fundada por otra Obediencia regular pre-existente o, al menos, haber sido reconocida posteriormente como regular por otra Obediencia de ese carácter. Evidentemente, esto plantea la cuestión de la regularidad de origen de la Gran Logia de Londres de 1717 y sus sucesoras...
Regularidad de Principios:  Para ser regular, una Obediencia Masónica ,además, debe ser fiel a los antiguos “Land-Marks” (VIDE) , sus miembros deben creer en Dios como Gran Arquitecto del Universo, en Su Voluntad revelada en la Biblia ( el Volúmen de la Ley Sagrada)  y en la inmortalidad del alma.
Estas normas dividieron las aguas y una gran parte de la Masonería Especulativa no reconoce como válidas dichas premisas inglesas lo cual ha delimitado dos grandes campos o corrientes masónicas: la anglo-sajona que se arroga el poder de administrar “su “ regularidad y la llamada “latina”  que es la destinataria principal de la irregularidad según la Gran Logia Unida.
No debería pensarse que estas normas son muy estrictas y de aplicación inexorable en todos los casos pues, muchas veces, la “regularidad” degenera en un mero “reconocimiento administrativo” fruto de una seductora política o diplomacia masónica – conveniente a dos puntas – pues existen Obediencias Masónicas , sedicentemente “regulares”, con miembros ateos confesos...

Una vuelta de tuerca definitiva sobre la cuestión de la regularidad masónica la dió el masón tradicionalista francés René Guénon quien afirmó que, en realidad, toda la Masonería Especulativa  - en bloque – era irregular frente a la Masonería Operativa antigua pues ambas corrientes, la anglo-sajona y la latina, poseían un mismo y único origen  irregular: la Gran Logia de Londres de 1717 desviada e irregular ante la Masonería Operativa antigua. Por otra parte, el mismo Guénon decía que la verdadera regularidad era la iniciática  o sea la que procedía de una filiación ininterrumpida, de la enseñanza de una Doctrina Esotérica ortodoxa y la práctica de los ritos tradicionales, mientras que el decadente criterio del “reconocimiento diplomático y administrativo” puede encubrir – y de hecho encubre – profundas irregularidades. 
                                                                                                                      J.F.Ferro

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