domingo, 7 de diciembre de 2014

MASONERÍA JACOBITA



 
      Partidarios legitimistas de la dinastía escocesa de los Stewart, destronada en 1714 por la casa holandesa de los Hannover, los Jacobitas  protagonizaron una épica lucha contra la dinastía usurpadora. Estaban formados, principalmente, por miembros de los clanes de Highlanders, irlandeses e ingleses del norte.
      Desde el punto de vista religioso, los Jacobitas eran predominantemente católicos aunque entre sus filas también se contaban anglicanos, presbiterianos y otras denominaciones protestantes, por lo tanto, la dinastía holandesa era vista, por la mayoría de los Jacobitas, como usurpadora y además herética.

      Se denominaba Masonería Jacobita al conjunto de las Logias escocesas que acompañaron los diversos alzamientos legitimistas de la Casa de Estuardo. La Masonería Jacobita fue diezmada y desapareció de la historia luego de la masacre y derrota definitiva de la causa Estuardista en la batalla de Culloden-Moor en 1746.
      Durante todo el siglo XVIII, el “tema estuardista” estuvo ligado íntimamente al surgimiento de los Altos Grados masónicos escoceses y caballerescos. Así, por ejemplo, el barón alemán Karl von Hund, fundador de la Orden Masónica de la Estricta Observancia Templaria, se refiere a la existencia de los “Superiores Incógnitos” (Unbekannte Oberen) y hasta su muerte estuvo convencido que los mismos eran miembros de la Casa de Estuardo.
      En Inglaterra, las Logias masónicas, quizás en razón del origen de muchos de sus miembros, se constituyeron en focos de una sorda resistencia anti-hannoveriana; así, durante el banquete de la Fiesta de San Juan de Verano que ofrecía la Gran Logia de Londres en 1722, la orquesta comenzó a ejecutar, fuera de programa y en sordina, el canto estuardista “The King shall enjoy his own again” (El Rey gozará de su patrimonio nuevamente). Robert Samber, en su libro Ebrietatis Encomium, reporta que fue necesaria la intervención de un alto personaje para impedir un escándalo que afectase la continuidad de la joven Gran Logia cuyos dirigentes eran discretos partidarios de la dinastía holandesa usurpadora.
      El historiador francés Gustave Bord, en su libro La Franc-Maçonnerie en France des origines à 1815, afirma la existencia de Logias militares en el castillo de Saint-Germain-en-Laye donde Luis XIV había instalado a la familia real escocesa destronada. Según Bord, entre los Franc-Masones Jacobitas se contaban los siguientes: Lally, Linche, Macdonald, Burcke, Maccarthy, O’Toole, Dillon, O’Neil, Butler, Fitzgerald, Talbot de Tyrconnel, Dorrington, Lesley conde de Rooth, Nagle, O’Calaghane, Wyndham, Middleton y otros muchos pertenecientes también a la más alta nobleza. Las primeras Logias parisinas (1725) fueron fundadas por Jacobitas exiliados  y el propio Gran Maestre, sir Charles Radcliffe, lord Derwent Water, participó del alzamiento de 1745 y murió decapitado en la Torre de Londres el 8 de Diciembre del año siguiente como mártir de la causa estuardista.
       El caballero-masón Andrew Michael Ramsay, baronet de Escocia y discípulo  del cardenal Fénelon, redactó su famoso Discurso, dirigido a las Logias francesas, en el que aludía a las Ordenes de Caballería participantes en las Cruzadas como antecesoras de la Franc-Masonería y a la conservación de sus tradiciones en Escocia. Ramsay se proponía lograr el apoyo de la nobleza francesa para la causa Jacobita  incluyendo, de ser posible, al propio Luis XV. Es interesante señalar que el cardenal Fleury, ministro de Luis XV, prohibió a Ramsay que pronunciara su Discurso en la Logias para no poner en riesgo su propia política de apoyar a sir Robert Walpole y a la dinastía protestante de los Hannover...
También se resgistraba actividad masónica Jacobita en Roma, en el mismo centro de los estados de la Iglesia que aún no había emitido la bula condenatoria “In Eminenti”. En efecto, existía en Roma una Logia masónica Jacobita cuyo Venerable Maestro era Lord Winton, un pintoresco personaje, posiblemente un tanto desequilibrado, permanentemente envuelto en escándalos de todo tipo, desde ebriedad hasta espionaje, que hacían difícil el exilio romano del Pretendiente al trono inglés.  En el seno de esta pequeña Logia convivían tanto ingleses Jacobitas como ingleses hannoverianos, algunos de ellos – sin duda – eran espías dobles. Esta Logia fue cerrada por la policía romana, no por cuestiones religiosas sino por causas políticas y diplomáticas y aún por escándalos y delitos comunes, en el año 1737.
         La Masonería Jacobita fue el verdadero origen y la cuna de lo que, posteriormente, sería universalmente conocida como “Masonería Escocesa” cuyo rasgo distintivo principal lo constituyen los llamados Altos Grados caballerescos que practica. Sin embargo, es menester recordar que los llamados Ritos Escoceses Rectificado y Escocés Antiguo y Aceptado respectivamente, no son sino creaciones históricos muy posteriores.
                                                                                          Jorge F.Ferro.

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