domingo, 17 de agosto de 2014

POR EL LABERINTO




Prof. Julio Bernadés

Toda búsqueda que desemboca en una meta pasa por un laberinto. Todo explorador pasa por una serie de pruebas, que debe superar, antes de alcanzar el centro que está buscando. Comenzamos preguntándonos dónde había comenzado todo y la primera idea que acudió fue “el Mediterráneo”. En el Mediterráneo se formó la Antigüedad Grecolatina, ahí están las raíces, ya formadas, de nuestro mundo. El Mediterráneo es el ombligo a partir del cual nació Occidente pero, esta fuerza civilizadora indomable ¿dónde arranca? 

El Maestro Pitágoras fue quien explicó primero cómo se había formado el mundo, él transmitió la doctrina hermética, es decir la Tradición llegada de sus ancestros. Y su aprendizaje lo hizo en Egipto, con los Sacerdotes que condujeron durante milenios a la última Civilización Sagrada de nuestra era ¿Está en Egipto la respuesta? ¿Es la Gran Pirámide, todavía en pie, quien contiene los secretos del conocimiento antiguo? ¿O tal vez la Esfinge? ¿De dónde surge una civilización como la egipcia, 4000 ó 5000 años antes de nuestra era? ¿Cuáles fueron sus modelos? ¿Quién trajo los conocimientos al valle del Nilo?
Sabemos que los antiguos egipcios no eran de raza negra sino, como los Etíopes “de rostro encendido”, como los llamaron los griegos, eran de raza roja, de un color encendido rojizo. Como los “pieles rojas” de América del Norte, curiosamente, extraña difusión para una raza, hoy casi extinguida. Hace pensar en una distribución dispersa gracias a algún cataclismo y no olvidemos que, tal como lo narra Platón, la Atlántida desapareció entre 9500 y 10000 años antes de nuestra era. Hay muchas razones para sospechar que los egipcios en el Nilo y los mayas en México, constructores de pirámides, son los descendientes de los Atlántides, poseedores de una civilización superior en los milenios inmediatamente anteriores. Todos los testimonios indican que estaban situados en alguna zona del Océano Atlántico cercana a la embocadura del Mediterráneo y, al hundirse su mundo, transfirieron su cultura a ciertos lugares elegidos. La meseta de Gizeh se encuentra en el cruce del meridiano 30° y el paralelo 30°, lo que insinúa que en el valle del Nilo existe una energía telúrica única y especial en cadena, para fundar una civilización heredera de la antigua sabiduría.
Nuestro laberinto comienza en una figura única, salida de Egipto: Moisés, el conductor del pueblo elegido de Jehová, el primer pueblo antiguo que creyó en un solo dios. Todas las teogonías antiguas desde el Mediterráneo hasta la Mesopotamia hablan de familias de dioses, de conjuntos de fuerzas cósmicas que constituyen la esencia de nuestro mundo. Sólo el pueblo hebreo, conducido por Moisés a la “tierra prometida”, trae a las orillas del Mediterráneo la idea del “dios único”. Hoy en día los manuscritos del Mar Muerto, descubiertos en el final de la 2° Guerra Mundial y ocultados por el Vaticano hasta los años ’80, han arrojado un haz de luces para comprender este mítico éxodo de Egipto del pueblo elegido. Hoy sabemos que fue un experimento cultural, jamás realizado en otras regiones. Moisés es, sin duda, el ex faraón Amenofis IV, quien fue destituido del trono de Egipto, por haber establecido un único dios: Atón y haber pretendido desterrar el culto de todos los demás dioses de Egipto. Eso llevó a la asunción del joven Tutankamón, que volvió al antiguo culto.
El faraón expulsado se refugió en los templos egipcios del Sinaí y, poco a poco, elaboró su proyecto de construir un pueblo elegido del dios único. Quienes siguieron a Moisés pueden haber sido un grupo de diferentes orígenes, que vivían en Egipto y recibieron de sus manos las leyes del nuevo orden. Así llegó a instalarse la dinastía del linaje de David y su hijo Salomón levantó el templo de Jerusalén, según las instrucciones sagradas procedentes del Colegio de Sacerdotes de Egipto, la tradición recibida de sus ancestros, los Atlántides.
Por este camino, nació el Cristianismo de la antigua Tradición y de la nueva religión del dios único. Se instaló en Roma y dio continuidad al Imperio Romano, una vez que este estuvo agotado. El hombre volvió a fundar un mundo basado en la Tradición y, al final de la Edad Media, los nobles liderados por Hugues de Payens llegaron a Jerusalén y encontraron, debajo del Templo de Salomón, todos los conocimientos tradicionales de la Geometría Sagrada, que los sacerdotes hebreos habían escondido antes de la destrucción de Jerusalén por el emperador Tito. Así fue como nacieron los Templarios, custodios de la Tradición, que enseñaron a toda la Europa cristiana los principios de la Alquimia y las técnicas de construcción, que permitieron levantar 200 catedrales en menos de dos siglos. Los Templarios terminaron perseguidos y asesinados por los celos que despertó el poder de sus conocimientos únicos, pero no desaparecieron, se transformaron en las órdenes de caballeros de Escocia, España, Portugal, etc como, por ejemplo, la Orden de Caballeros de San Andrés del Cardo, de quienes desciende la Masonería Operativa hasta nuestros días.

Prof. Julio Bernadés

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