lunes, 2 de junio de 2014

LOS CABALLEROS TEMPLARIOS

La mayoría de las fuentes cita el año 1118 como la fecha de creación de la Orden de los caballeros templarios, aunque existen pruebas para sugerir que ya existían al menos cuatro años antes.



Su misión era la protección de los peregrinos en Tierra Santa. No obstante, la evidencia señala que estaban comprometidos con un designio geopolítico muchos más ambicioso del que participaba la orden cisterciense, San Bernardo y Hugues, conde Champagne y uno de los primeros patrocinadores y patronos del Císter y el Temple.

El conde se convirtió en templario en 1124 y Hugues de Payens, uno de sus vasallos, fue el primer Gran Maestre de la Orden. El tío de san Bernardo, André de Montbard, también se contaba entre los miembros fundadores


Hasta 1128   -cuatro años después que David I recibiera la corona de Escocia- se decía que sólo nueve caballeros componían la fuerza templaria, aunque los registros de la época muestran un número mayor de reclutas.

Además de Hugues de Champagne, se sabe que pertenecían a la Orden Fulk, duque de Anjou, padre de Geoffrey Plantagenet y abuelo de Enrique II de Inglaterra.  Luego, en el Concilio de Troyes, realizado bajo los auspicios de San Bernardo, se otorgó a los Templarios un régimen monástico, el equivalente, por así decirlo, de una constitución y la orden quedó formalmente establecida. Los templarios representaban un nuevo fenómeno: Por primera vez en la historia cristiana los soldados vivirían como monjes.

A partir de 1128, la orden se expandió a una velocidad extraordinaria y recibió un flujo masivo de candidatos, sino también enormes donaciones, tanto de dinero, como de propiedades. En solo un año obtuvieron tierras en Francia, Inglaterra, Escocia, España y Portugal. En los diez años siguientes sus posesiones se extenderían a Italia, Austria, Alemania, Hungría y Constantinopla. En 1131, el rey de Aragón les cedió un tercio de sus dominios. A mediados del siglo XII, el Temple ya había comenzado a establecerse como la institución más rica y poderosa de la cristiandad, con la excepción del Papado.

 En los años posteriores al Concilio de Troyes, Hugues de Payens y otros miembros fundadores de la Orden viajaron por toda Europa, promocionando la Orden y las virtudes de los feudos de tiempo compartido en Palestina. Se sabe que Hugues y al menos uno de sus camaradas estuvieron tanto en Inglaterra como en Escocia. De acuerdo con las crónicas cuando Hugues visitó a Enrique I: “el rey le recibió con grandes honores y le entregó ricos presentes de oro y plata. Luego le envió a Inglaterra, donde fue recibido por todos los hombres de buena voluntad, quienes le ofrecieron regalos y en Escocia también”. El los invitó a Jerusalén.

En su primera visita, Philip de Harcourt concedió a la Orden la Preceptoría de Shipley en Essex. Se cree que la Preceptoría de Dover data de la misma época. Todavía puede verse los restos de su iglesia.

En su calidad de gran maestre Hugues de Payens procedió a designar maestres regionales para cada una de las provincias templarias, como se llamaba a los enclaves propiedad del Temple en cada país.  El primer maestre de Inglaterra, del que poco se conoce, fue Hugh de Argentein. Su sucesor fue un joven caballero normando Osto de St. Omer, quien presidió la orden hasta 1153-1154 y luego fue sucedido por Richard de Hastings. Bajo la dirección de estos dos maestres, los templarios de Inglaterra se embarcaron en una de sus aventuras más innovadoras, la traducción de parte del Viejo Testamento al idioma de la época.

Las relaciones entre los templarios y los soberanos de los reinos donde poseían tierras variaban de un  país a otro. En Francia, por ejemplo, la relación fue algo incómoda. En España tuvo un carácter positivo. En Inglaterra disfrutó de un trato cordial con la monarquía.

Enrique I de Inglaterra recibió a los primeros caballeros con los brazos abiertos, mientras que Stephen, quien asumió el poder en 1135, era hijo del conde de Blois, uno de los líderes de la Primera Cruzada y por lo tanto mostraba especial simpatía por las actividades de los templarios en Tierra Santa.  Bajo sus auspicios la red de preceptorías comenzó  a extenderse por toda Inglaterra.  El conde de Derby donó Bisham; el conde de Warwick donó tierras para que se erigiera una Preceptoría en el mismo Warvick;  Roger de Builli ofreció el predio de Willoughton en el condado Lincoln. La propia esposa de Stephen , Mathilda, concedió vastos territorios en Essex y Oxford que luego se convirtieron en Temple Cressing y Temple Cowley , dos de las preceptorías antiguas más importantes.

Duante el reinado de Stephen, los templarios erigieron su primera construcción central en Inglaterra: el antiguo Temple en Holborn.   Constaba de los edificios de la preceptoría, una iglesia, un jardín, una huerta y un cementerio, todo circundado por un foso y se cree que también por un muro.  Sus cimientos se encontraban en el sitio de lo que en la actualidad es la estación de metro de High Holborn. Sin embargo, este lugar no fue la sede de la Orden en Londres durante mucho tiempo. Hacia 1161 los caballeros ya se habían establecido en el nuevo Temple, cuyo lugar conserva su nombre aún hoy y contiene no sólo la iglesia circular original, sino también una serie de tumbas: Barram Novi Templi o Temple Bar, donde la Fleet Street se encuentra con el Strand, era el portal de ingreso a los recintos de la orden.

En su época de apogeo el nuevo Temple se extendía desde Aldwych hasta el Strand y casi hasta la mitad de Fleet Street, y luego hasta el Támesis, donde tenía su propio muelle.

Una vez al año, se convocaba un capítulo general en el recinto, al que asistía el maestre de Inglaterra y todos los funcionarios de la Orden en Gran Bretaña, incluidos los priores de Escocia e Irlanda.

Enrique II continuó la estrecha relación con los templarios, quienes realizaron grandes esfuerzos para intentar reconciliarlo con Tomás Becket. Pero fue durante el reinado del hijo de Enrique II, Ricardo Corazón de León, cuando esta relación se hizo más íntima. De hecho, Ricardo mantenía muy buenas relaciones que a menudo se lo consideraba una suerte de templario honorario.  Viajaba en sus barcos y residía en sus preceptorías. Cuando suscitó el antagonismo de sus pares y fue obligado a huir de Tierra Santa, lo hizo vestido como templario y escoltado por un séquito de caballeros. Ricardo estuvo muy vinculado en las transacciones entre los templarios y la secta islámica de los hashishim. También vendió Chipre a la orden y la isla luego se convirtió durante algún tiempo en la sede oficial del Temple.

El temple hacia crecido en influencia y poder, que también suscitó respeto y lealtad del hermano de Ricardo, el rey Juan.  Este también se alojaba regularmente en la Preceptoría de Londres, incluso fue su residencia esporádica durante los últimos cuatro años de su reinado (1212-1216). El maestre de Inglaterra, Aymeric de St. Maur, fue el consejero más cercano de Juan y fue por la persuasión que ejerció sobre el monarca que firmó la Carta Magna en 1215.  Cuando Juan firmó al pie el documento mencionado, Aymeric estaba a su lado y también firmó.  Aymeric sería nombrado uno de los albaceas del testamento de Juan.

La esfera oficial de actividad del Temple era fundamentalmente el reino latino de Jerusalen. Se suponía que Europa era tan sólo una base de apoyo, una fuente de hombres y pertrechos y un canal de tránsito hacia Tierra Santa.  Sus actividades se extendieron desde Egipto hasta Constantinopla. En los principados de los cruzados se tomaban pocas decisiones y casi nada ocurrría sin la participación de los templarios.  Al tiempo, como la indica la firma de la Carta Magna, los caballeros pronto se vieron envueltos en los asuntos internos de la mayoría de los reinos europeos. En Inglaterra disfrutaron de privilegios y prerrogativas especiales. Por ejemplo el maestre del Temple se sentaba en el Parlamento como primer barón del reino.

La Orden estaba exenta del pago de impuestos y sus casas y posesiones en las grandes poblaciones y ciudades de Inglaterra exhibían una cruz templaria de metal para mantener alejados a los recaudadores.  Aún hoy pueden verse muestras de estas cruces, de la calle de los templarios en Leeds, en el museo de la Orden de San Juan, Clerkenwell.  Dentro de estos enclaves, los caballeros se regían por la ley del Temple. Ofrecían derecho de santuario, como cualquier iglesia, convocaban sus propios tribunales para tratar casos de delitos locales. Dirigían sus propios mercados y ferias. Estaban exentos de los pagos de peaje en los caminos, puentes y ríos.

Las propiedades templarias en Inglaterra eran muy extensas y estaban distribuidas por todo el reino. Unas pocas de las antiguas propiedades dela orden todavía pueden conocerse por el calificativo “Temple” como en el distrito londinense de Temple Fortune al norte de Golders Green.  En las islas Británicas, en general, se acepta que allí donde aparece este calificativo antiguamente hubo alguna clase de propiedad o construcción templarias. En la actualidad es difícil calcular la cantidad definitiva de propiedades, pero los cálculos más conservadores muestran un mínimo de setenta y cuatro propiedades de importancia, incluidas treinta y cinco preceptorías completas, además de cientos de propiedades pequeñas, pueblos, aldeas, iglesias y granjas. Incluso establecían sus propias ciudades debido a sus actividades comerciales.

Bladock, cerca de Letchworth, en el condado Hertford, fue fundada por los templarios alrededor de 1148. Su nombre deriva de Bagdad.

Gran parte de la moderna ciudad de Bristol fue alguna vez propiedad templaria. De hecho, Bristol fue uno de los principales puertos de la orden y los barcos traficaban con regularidad entre esta ciudad y La Rochelle en Francia, la más importante sede de la Orden sobre el Atlántico. Los Close Rolls de Enrique III mencionan los nombres de dos barcos templarios: La Templere y Le Buscard. Uno de los privilegios más lucrativos fue el de exportar su propia lana.  Este comercio, al igual que el transporte de peregrinos, aportó considerables beneficios económicos.

En Irlanda, la red de propiedades templarias también estaba ampliamente distribuida aunque no tan bien documentada. Había como mínimo seis preceptorías, una en Dublín y al menos tres en la costa sur, en los condados de Waterford y Wexford. Al igual que en Inglaterra, existieron numerosos feudos, granjas, iglesias y castillos. La preceptoría de Kilsaren, en el condado de Louth, era propietaria de doce iglesias y recolectaba diezmos de otras ocho. Había por lo menos un feudo, Temple House, en Sligo, en la costa occidental.

En Escocia, los registros son muy incompletos, en parte debido al caos que imperaba en el reino a finales del siglo XIII y también a causa de lo que parece haber sido una ocultación deliberada de esos documentos.  Existieron como mínimo dos importantes preceptorías.  Una en Maryculter, cerca de Aberdeen. La otra Balantrodoch era la más grande y constituía la sede principal de la Orden de Escocia.  Ubicada cerca de Edimburgo, en la actualidad se la conoce como Temple.
Las crónicas se refieren a las propiedades templarias en Berwick
-que en esa época formaba parte de Escocia-  y en Liston, cerca de Falkirk. En Argyll existen pruebas de propiedades y en al menos otras diez localidades de Escocia.

El Temple ejerció una enorme influencia política y militar en virtud de sus propiedades, sus recursos humanos, sus habilidades diplomáticas y su pericia militar. La influencia económica que ejercieron los caballeros templarios contribuyó a generar profundos cambios en los cimientos económicos de la época. En general, los historiadores atribuyen la evolución y el desarrollo de las instituciones económicas de Europa occidental a los prestamistas judíos y a las grandes casas y consorcios de mercaderes italianos. Sin embargo, de hecho, el papel de los prestamistas judíos fue menor en comparación con el que desempeñara el Temple. La Orden no sólo fue anterior a las casas comerciales italianas, sino que estableció el sistema y los procedimientos que éstas emularían y adoptarían más tarde.

En realidad los orígenes de la banca moderna se puede atribuir a la Orden del Temple. En la cumbre de su poder, los caballeros templarios  manejaron gran parte del capital disponible en Europa occidental. Fueron pioneros en el concepto de facilidades de pago y también en la asignación de créditos para el desarrollo y la expansión comercial. Realizaban todas las transacciones y funciones propias de un banco mercantil del siglo XX.

(*) parte tomada de la recopilación histórica de los investigadores independientes Michael Baigent (vive en Inglaterra) y Richard Leigh (EUA).

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